Una marca que se lleva en la boca
Bocanegra fue una línea de vinos de Mendoza, Argentina. Su nombre nace de un momento que todos conocemos: entre risas y copas, en compañía de quienes queremos, nos miramos y descubrimos que el vino nos tiñó la boca.
El desafío fue convertir ese gesto, algo torpe y siempre divertido, en una identidad. Una marca que hablara menos del vino como producto y más de lo que provoca: la mesa compartida, la conversación, la complicidad de un club sin reglas ni carnet.


Distintas bocas, un mismo vino.
La etiqueta traduce la idea en un retrato colectivo. Rostros abstractos, trazados con una línea libre, se superponen y se entrelazan, cada uno con una boca de un color distinto. En el centro, una boca negra los reúne a todos. El vino insignia cuenta la misma historia: Malbec, Ancellotta y Chardonnay, tres variedades distintas cofermentadas en una sola botella.




La identidad se desplegó en una línea completa, donde cada vino cambia de fondo y de tratamiento sin perder el sistema: el Blend Reserva sobre papel blanco, la Selección de Barricas en negro, el Petit Verdot y Ancellotta en verde, y el Sauvignon Blanc con bocas doradas. Una tipografía condensada y un sistema de información modular ordenan los datos, y los colores de las bocas se extienden a los identificadores de línea y variedad.






La marca llegó a la mesa en todas sus escalas: cápsula con firma caligráfica, caja de envío, tarjetas, contraetiquetas numeradas y stand en Taninos Winefest.

